Recuerdos de la noticia llegando a Cuba

Texto del escritor y director de cine Raydel Araoz, hecho especialmente para “Memorias del Muro”.

Iba a terminar la secundaría básica, luego hacer el pre y estudiar en la Unión Soviética. Así era mi mundo a los 15 años, una línea recta hacia un futuro definido en el sueño de una familia revolucionaria, de “clase media cubana”, si existe esa denominación.

En esos días caminando por los pasillos de mi escuela, un convento de monjas expropiado a principio de la revolución, escuché el rumor entre los profesores de una huelga en los países socialistas.

Era una noticia incomprensible, el socialismo no tenía huelgas, ni crisis económica, ni desempleo. Y eran los mismos profesores que nos habían enseñado eso, en las clases de fundamentos del marxismo e historia contemporánea, los que hablaban de la huelga.

El rumor creció a nivel de pasillo, pasando de los profesores a los alumnos como una noticia confusa de forma rectangular. Se creaban grupos, discusiones, se hablaba de quienes eran mejor si los americanos o los rusos, se hablaba de traición. Alguien dijo: prohibieron la revista Sputnik.

En la casa revisé la colección que mi padre tenía de Sputnik. En sus últimos números dejó de ser la revista del osito Misha y del progreso de Moscú, para mostrar otra historia de la Unión Soviética, la del dictador Stalin. El dique comenzaba a ceder a nuestras espaldas y en silencio.

La escuela terminó como empezó, predicando una tierra prometida, la de los manuales. Sin embargo ese verano el juicio al General Ochoa por tráfico de drogas conmocionó  a todo el país. Hasta entonces creíamos que (el tema de) las drogas era algo ajeno a Cuba, y más aún al ejército. El impacto del juicio nubló las noticias internacionales de en ese año.

Meses después cayó el muro (de Berlin) pero su estruendo llegó debilitado a Cuba. A una Cuba que suponía que suponía que el campo socialista era eterno y se extendía desplazando al capitalismo.

Así que cuando supe a ciencia cierta que significaba la caída del muro de Berlín, ya el hecho era historia y el periodo especial entraba por la puerta de mi casa.

Entonces en la oscuridad del apagón, aun con espíritu romántico, nos preguntábamos: “¿qué pasará ahora con Alemania?,” “¿qué pasará ahora con la Unión Soviética?”.

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